En el barrio Sierra Morena de la localidad de Ciudad Bolívar vive Silvia Moreno. A sus 52 años, ha logrado mucho más que levantar un hogar para su familia. Su historia es un claro ejemplo de cómo las dificultades pueden convertirse en oportunidades cuando se enfrenta la vida con determinación y esperanza. Originaria de Gutiérrez, Cundinamarca, llegó hace 32 años a este barrio, un lugar que con el tiempo se convirtió en testigo de su arduo camino hacia la estabilidad.
Bogotá D.C., 03 de marzo de 2025
Por: Adriana Arango - Oficina Asesora de Comunicaciones
En el barrio Sierra Morena de la localidad de Ciudad Bolívar vive Silvia Moreno. A sus 52 años, ha logrado mucho más que levantar un hogar para su familia. Su historia es un claro ejemplo de cómo las dificultades pueden convertirse en oportunidades cuando se enfrenta la vida con determinación y esperanza. Originaria de Gutiérrez, Cundinamarca, llegó hace 32 años a este barrio, un lugar que con el tiempo se convirtió en testigo de su arduo camino hacia la estabilidad.
Junto a su madre, recibió una vivienda construida con módulos prefabricados: una solución temporal que con los años se transformó en la base de un sueño que parecía imposible. El destino le presentó desafíos imprevistos. Tras la mudanza de su madre, asumió por completo la responsabilidad de su hogar; a pesar de las dificultades, nunca se rindió.
Fue entonces cuando la Caja de la Vivienda Popular (CVP), con el apoyo del presidente de la Junta de Acción Comunal, extendió su mano para ayudarla a superar la pesada carga de la deuda hipotecaria de su casa. A partir de allí, Silvia se enfrentó a años de lucha y esfuerzo con la esperanza puesta en un futuro mejor.
En 2023, gracias a una resolución de la CVP, la deuda fue condonada. Finalmente, en noviembre de 2024, recibió el tan esperado título de propiedad de su hogar. Para ella, ese documento representó la materialización de un sueño y el reconocimiento oficial de años de esfuerzo y sacrificio.
Su hogar no es solo un refugio material, sino el reflejo de una vida construida con esperanza. La mujer que erigió su casa con sus propias manos también ha edificado una vida de amor y superación. Nunca dejó de luchar por el bienestar de su familia. Con el apoyo de la CVP, el Acueducto y la Personería, además logró negociar la deuda de los servicios públicos, lo que le permitió recuperar el equilibrio financiero y el control sobre su vida.
Hoy vive en su casa de cuatro pisos junto a tres de sus hijos: uno adulto y dos adolescentes. Su fuente de ingresos proviene del arriendo de varias habitaciones y de su pasión por la costura, habilidad que no solo le ha permitido mantenerse a flote, sino también soñar con un futuro mejor. No se conforma con lo logrado y siempre ha tenido una sed insaciable por aprender. A su edad, decidió retomar sus estudios; actualmente cursa bachillerato los fines de semana en el Colegio Cedit de Ciudad Bolívar, del cual está a punto de graduarse. Asimismo, se ha aventurado en el mundo de la tecnología, asistiendo a la Universidad Distrital para estudiar sistemas.
Su bitácora está llena de recuerdos: fotos del proceso de construcción de su casa, actividades escolares y manualidades. Cuando se siente sin energía, abre sus recuerdos y se inspira en su propio recorrido, redescubriendo la fuerza que la ha acompañado hasta aquí. Fiel creyente de Dios, dedica su vida al servicio de la comunidad. Siempre dispuesta a ayudar a quienes lo necesitan, invita a todos a cuidar los espacios comunes y motiva a sus hijos y a los jóvenes del sector a ser un ejemplo positivo.
Silvia no es solo una mujer luchadora, es también un faro de esperanza para sus hijos, nietos y toda su comunidad. Su historia es un recordatorio constante de que nunca es tarde para comenzar de nuevo, de que las dificultades no son barreras, sino escalones hacia el éxito. Con su ejemplo ha enseñado que la determinación puede convertir los sueños más grandes en realidades tangibles.
Hoy, agradecida con la Caja de la Vivienda Popular por brindarle la oportunidad de consolidar su hogar, celebra junto a su familia el logro de un sueño que nunca dejó de perseguir. Como ella misma dice con emoción: "El camino fue largo, pero cada paso valió la pena". Su vida es un homenaje a todos aquellos que, con fe y dedicación, luchan cada día por un futuro mejor. Reconoce que gracias a este último trámite, el patrimonio familiar es ahora más sólido. La seguridad que le otorga el título de propiedad le da paz, ya que todos saben con certeza quién es dueño de qué y eso ha fortalecido la armonía con sus vecinos. También le ha permitido fijarse nuevas metas. Ahora se siente más motivada a ahorrar y seguir invirtiendo en su hogar, pues sabe que con el tiempo su casa aumentará en valor y le brindará mayor estabilidad y seguridad a su familia.